Tírame con mandarinas y haré un budín con ellas
- Juliana Rojas

- 7 ago
- 2 min de lectura
Iba dos semanas enteras metida en Search Console. Matrices de URLs, verificaciones de indexación, sitemaps, un documento que armé v1, V2, V999, _final-OK, lo volví a armar hasta que cada casillero marcaba tildecitos verdes en lugar de crucecitas rojas, ajustes de H1, vuelta a probar. Un clic, otro clic, otro más.
El libro que estoy armando estaba ahí, digitalmente tirado. No era que no supiera qué escribir. Era peor: sentía que no tenía qué decir. Abría pestañas buscando cómo arrancaba tal, cómo lo contaba cual, buscando afuera algo que se supone tiene que venir desde adentro. Y mientras eso no pasaba, metí todas las fichas de energía y atención a tareas mecánicas. ¿Válidas? Pfffff, un montonazo. ¿Pero realmente eran para hacer en ese momento? Tal vez no.
Un domingo de esos pasé rajando por enfrente de una casa con una caja en la vereda. Atrás, estaba una chica sentada en la puerta con los ojos cerrados de cara al sol, un perro y un nene jugando a la pelota. Algo ahí me hizo bajar un cambio.

El mensaje decía "Regalamos mandarinas". Un amor todo. Las bolsitas eran recién cortadas de un rollo, el papelito escrito a mano, todo generoso, buena onda, bajé mil revoluciones.
De vuelta pregunté si podía sacar una foto. La chica dijo que sí, y de paso me ofreció una bolsita. "No son las más dulces, pero son excelentes para hacer budín."
Até todos los cabos ahí mismo, llegué a mi casa, cerré todas las pestañas del navegador y ahí no más abrí la carpeta de borradores y textos que ya tenía con algún avance y que había dejado ahí tirados por meses, esperando que alguien hiciera algo con ellos.
Fue como Newton, pero con otra fruta.
Tírame con mandarinas y haré un budín con ellas.
J.



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